Mazatlán, Sin. -Entre cerros y maleza en el poblado del Trébol Uno se encuentran Las Labradas en el sur de Sinaloa, también llamados petroglifos, los cuales se han convertido en un tesoro de la historia de la región que está en el olvido por parte de las autoridades ante la falta de inversión de recursos para su restauración.
Dichas piezas son rocas de un tamaño grande, las cuales están labradas o grabadas principalmente con espirales, obras que fueron realizadas por parte de los grupos prehispánicos que existieron en esta región, siendo los Totorames quienes estaban asentados en la zona sur de Sinaloa y norte de Nayarit.
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Estas piedras se encuentran en un área ubicada aproximadamente a 300 metros de la zona habitada de El Trébol Uno y otras más se encuentran a una distancia aproximadamente de tres kilómetros de la comunidad, donde se tiene que caminar un lapso de dos horas para poder llegar a ellas.
“Son rocas o piedras sedimentarias que están labradas por nuestros antepasados, en su paso por el sur de Sinaloa, por aquí pasaron”, señala Saúl Polanco Castillo, quien es considerado como Jefe Supremo de las comunidades indígenas en Escuinapa.
Como parte de la historia, Polanco Castillo expuso que los Totorames son un grupo descendiente de los Aztecas.
“Ellos se fueron hasta Nayarit, había señoríos en San Felipe Astatán, en Chiametlán había Gobernadores, todos estos en su pasar dejaron vestigios”, relata.
Los grabados que están en las rocas son símbolos que tenían los grupos indígenas, en este caso los Totorames, siendo el Sol una de las imágenes que esculpían y que dejaron grabadas y que después de cientos de años continúan reflejándose.
Aunque estas piezas se han mantenido por muchos años, se han ido perdiendo con el paso del tiempo, las cuales no han sido rescatadas, principalmente por la falta de recursos de la autoridad correspondiente, el INAH (Instituto Nacional de Antropología e Historia).
Estos petroglifos no se encuentran exclusivamente en El Trébol Uno, sino en varios puntos de la región, en los cuales se tuvieron asentamientos de esos grupos indígenas que son los antepasados de las culturas actuales.
En un recorrido realizado por El Sol de Mazatlán, el cual fue guiado por Sebastián Aguilar Orozco, se logró observar alrededor de una decena de piedras labradas, en las cuales los símbolos que tienen se han ido perdiendo por el paso del tiempo.
Y es que nunca se le ha invertido un recurso económico para poder restaurarlas y convertirlas en un sitio turístico como el que se tiene en las Labradas, San Ignacio.
La historia
Los Totorames habitaban el valle y la costa del río Piaxtla al río de Las Cañas, lo que hoy son los municipios de San Ignacio, Mazatlán, Concordia, El Rosario y Escuinapa, en Sinaloa, hasta el río Santiago, en el actual estado de Nayarit. Su principal señorío fue Chiametlán, el hoy poblado de Chametla, en El Rosario, primera comunidad colonizada por los españoles.
Ocuparon la franja costera al sur del Río Piaxtla y también se extendían por el territorio que hoy pertenece al estado de Nayarit; su lengua era una variante del cora nayarita y, como casi todas las lenguas habladas en la región, pertenecía a la familia yuto-azteca.
Sus principales asentamientos estaban en Aztatlán, Sentispac y Chametla, este último sobre el río Baluarte y los dos primeros, en territorio nayarita.